viernes, 23 de febrero de 2018

El grito silencioso del aborto



Después de pasar de destacado abortista a líder pro vida, Bernard Nathanson se dedicó a crear conciencia para detener la eliminación de los más desvalidos de la especie

Al saludar a Bernard Nathanson, uno tenía la sensación de estrechar, al mismo tiempo, la mano del doctor Jekyll y de mister Hyde. El bien y el mal bajo una misma identidad. Lo conocí junto a otros periodistas en una disertación improvisada que dio a comienzos de los años ochenta en el Bellevue Hospital Center, de Nueva York, cuando ya había avanzado, y mucho, en un asombroso giro copernicano pocas veces visto en la historia de la medicina contemporánea.

La especialidad de Nathanson era la ginecología y, como admitió en la charla, llegó a practicar más de 75.000 abortos en diferentes clínicas, domicilios particulares y centros hospitalarios de los Estados Unidos. En 1968, había fundado, además, la mayor organización creada para rechazar las leyes que prohíben o limitan la práctica del aborto y para hacer lobby en los medios y en la opinión pública. El momento de su conversión,para llamarlo de algún modo, ocurrió, según él, cuando las nuevas tecnologías de ultrasonido y de filmación permitieron documentar, paso a paso y en detalle, lo que describió como "el asesinato del feto mientras lucha por su vida, de niños no nacidos que son seres humanos y que tienen tanto derecho como un adulto a la protección legal desde su concepción".


Dos de sus documentales sobre las distintas técnicas abortivas, El eclipse de la razón yEl grito silencioso, de gran impacto en su momento en la sociedad norteamericana, sobre todo en el ámbito de la medicina y en el de la educación en todos sus niveles, ayudaron a delinear su nuevo perfil como figura pública. Uno de los testimonios devastadores que incluyó en sus películas es el de un bebe que trata de evitar en el útero ser alcanzado por los instrumentos del médico abortista. Nathanson era, obviamente, el activista pro vida menos pensado, pero ese fue uno de los motivos por los que llenaba auditorios en cada una de las presentaciones. Para reafirmar su nueva fe y conmover la conciencia de sus compatriotas, se entrevistó con cientos de senadores, diputados, gobernadores, ex presidentes y cuanto líder de opinión encontró a su paso.

Su estrategia argumental fue, desde entonces, la del arrepentido que llega a la verdad mediante la confesión de lo que ha hecho. "He abortado a los hijos no nacidos de amigos, colegas y familiares, he abortado a mi propio hijo -explicó ante un comité del Senado-, y les digo que interrumpir la gestación sólo puede verse como la eliminación de un miembro de nuestra especie. Si ustedes lo entienden de otra manera, serán sólo un producto más de la ideología política."

Nathanson se convirtió al catolicismo en 1996 y recibió, en una ceremonia que tuvo gran cobertura mediática, la confirmación de manos del cardenal John O'Connor, en la cripta de la catedral de San Patricio, en Nueva York. Fue una ceremonia de un profundo simbolismo en medio de los homenajes que recibió antes de morir, hace un año.

Ocuparse de Nathanson y del cambio radical que asumió en defensa de los más desvalidos de la especie es poner la lupa en un fenómeno incipiente, de alcance global, aunque imperceptible aun para la opinión pública. Los dos países más poblados del mundo, China y la India, son los que más están avanzando en la imperfecta y polémica estrategia de salvar vidas alentando el sistema de adopción de los recién nacidos. A simple vista, parece una gota de agua en el océano. Pero la pregunta correcta, en todo caso, es cuánto vale una vida en un país como China, en donde sólo en 2012 fueron abandonados 570.000 recién nacidos. Shijiazhuang, distante doscientos kilómetros de Pekín, fue la primera de las veinte ciudades en instalar la baby box en las calles, una suerte de incubadora que mantiene al bebe a una temperatura de 32,5 grados. Cada una de ellas está equipada con un botón que activa una alarma que suena diez minutos después para asegurar que la entrega sea anónima. Hay un dato en esta iniciativa que nos obliga a repensar la evolución de la especie: las baby boxes no son otra cosa que la réplica mejorada de las cajas que cumplían la misma función en la Europa del medioevo.

En la India, donde una soltera embarazada es mayoritariamente considerada todavía una ofensa para la familia, el Ministerio de la Mujer sigue instalando cunas en las calles de las grandes ciudades como tabla de salvación. Es la desesperada alternativa para los hijos no deseados y el aborto. Según recientes datos de Unicef, dos millones de niñas mueren por año en la India debido al maltrato, el abandono y el crimen. La lista de países que han recurrido a sus propias versiones de las baby boxes incluye a Polonia, Alemania, Austria, Hungría, Paquistán, Malasia, Japón y la República Checa. En el caso de los países europeos, se tomó la decisión de que en cada incubadora, junto con las mantas, haya una carta con información por si la madre o la familia se arrepienten.

Confesiones de un ex abortista es, quizás, el texto más comentado que dejó Nathanson como parte de su legado. En la introducción se retrata a sí mismo como el doctor Jekyll que fue, el hombre que al frente de una sólida organización contribuyó a falsear encuestas, a desacreditar a los grupos religiosos y a manipular a la opinión pública con mensajes efectistas que apuntaban a la emoción, no a la razón. "Una táctica fundamental que conocí en esa época -escribió- fue jugar la carta del anticatolicismo. Calificar sus ideas sociales de retrógradas y atribuirle a su jerarquía el papel del gran malvado entre los opositores al aborto permisivo."

Otra de las tácticas consistía en denigrar o ignorar cualquier evidencia científica de que la vida comienza con la concepción. "Un típico argumento pro aborto -afirma- es alegar la imposibilidad de definir cuándo comienza el principio de la vida, un modo de insinuar que se trata de un problema teológico o filosófico, no científico."

La objeción más dura del documento, sin embargo, tiene que ver con la ética médica. ¿Qué sentido tiene que un ginecólogo, que sabe que la vida comienza en la concepción, arriesgue su prestigio y rompa su juramento haciendo un aborto? La respuesta de Nathanson es contundente: dinero. Explica que, en los Estados Unidos, "la industria del aborto" (son sus palabras) mueve cientos de millones de dólares al año y la mayor parte va a los bolsillos de quienes lo practican.

Después de pasar de destacado abortista a abogado pro vida, logró encontrar las palabras adecuadas para explicar por qué había habitado en los extremos. Las tomo prestadas de la Madre Teresa de Calcuta, al presentar sus reflexiones. "La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño, al inocente que muere a manos de su propia madre. Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo, cómo podremos decirles a otros que no se maten."

Al igual que los filósofos, Nathanson creía que una pregunta bien formulada puede ser más efectiva que una respuesta, sobre todo cuando se habla a grandes audiencias. Por eso evitó señalar con el dedo o establecer categorías de responsabilidades en una cuestión tan compleja, delicada y controversial como el aborto. Es el comportamiento de las sociedades del tercer milenio lo que pretende indagar, la extendida tolerancia hacia una práctica que "con egoísmo brutal impulsa el retroceso de la especie privando de sus derechos a quien no puede defenderse".

Su experiencia en el tema, que no es breve, le enseñó que la mujer embarazada también puede convertirse en víctima. Ocurre en circunstancias siempre angustiantes, casi nunca elegidas, cuando no considera o rechaza las opciones que le impedirán enfrentarse a la más trágica de las alternativas, ser juez y madre, elegir entre ella o su hijo no nacido.

© LA NACION
Por: Héctor D'Amico

jueves, 15 de febrero de 2018

El comunismo es una teología de sustitución... una religión satánica




"El comunismo ha sido para dos generaciones de católicos españoles, como la mía, una teología de sustitución": con estas palabras arranca una obra que penetra a fondo en la subversión profunda, intelectual y moral antes incluso que política, que implican la teoría y la praxis de la ideología más sanguinaria de la Historia.

Memoria del comunismo (La Esfera de los Libros), de Federico Jiménez Losantos, está escrito desde la perspectiva de alguien que confiesa haber dejado de creer en Dios a los dieciséis años, pero con perspicacia para entender lo que está en juego: la "voluntad de creer" que sustituye a la fe perdida se transforma en pura "voluntad de poder", ante el cual la Verdad se sacrifica a la Mentira y el Bien al Mal. Por eso "el comunismo, inequívocamente definido por Lenin como una empresa malvada que traerá alguna vez el Bien al mundo, es una religión satánica" en cuanto que en su raíz está "el culto inconfesado a la fuerza, y a la mentira como secreta manifestación interior de esa fuerza exterior que no se confiesa, pero se disfruta".

La clave bajo la cual Losantos ha escrito su obra más perdurable y a la que ha consagrado años de trabajo, es precisamente el pasmo ante el hecho de que la izquierda occidental siempre tuvo conciencia de los crímenes comunistas que fingían ignorar y silenciaban: "Secretamente compartían la ferocidad de sus verdugos" y "por eso mintieron casi todos y casi hasta el final". La perspectiva de la víctima se convierte así en el quicio sobre el cual el filólogo y periodista aragonés, uno de los analistas de referencia en la radiodifusión española, escribe este monumental y personal ensayo: la necesidad del Partido de exterminar físicamente, o destruir y denigrar moralmente, a cualquier adversario que pensase o actuase fuera de sus directrices.

Aniquilación del enemigo
Losantos apunta a Willi Münzenberg (1889-1940), ideólogo de la maquinaria de propaganda leninista en los años veinte, como responsable de este "Imperio de la Mentira sobre el comunismo, que se mantiene intacto, perpetuamente renovado", pero al que estas páginas asestan un golpe incontestable, sobre todo en los nombres de la intelligentsia europea y norteamericana que se prestaron al juego.

Recuerda Federico, por ejemplo, siguiendo a Pío Moa, el linchamiento mediático que sufrió Alexander Soljenitsin (1918-2008) cuando visitó España en 1976 por explicarle a la audiencia de José María Íñigo lo que era la Unión Soviética: "Enclenque", "chorizo", "mendigo desvergonzado", "famélico", "espantajo", "bandido", "hipócrita", "multimillonario", "siervo", "mercenario", "delirante" fueron algunos de los calificativos que le dedicaron personalidades supuestamente respetables del firmamento político y mediático de la época... Aquel hombre, de pensamiento profundamente cristiano, Premio Nobel de Literatura en 1970, había sido castigado con once años de trabajos forzados, pero eso no le hacía digno de piedad alguna. Si no le perdonaban haber descrito en Archipiélago Gulag el sistema de represión comunista, aún menos que lo pusiese como espejo ante la tan distinta realidad de la España de Francisco Franco (1892-1975).

Holocausto católico
En los dos grandes bloques (Rusia y España) que conforman esta detallada y profunda Memoria del comunismo, Losantos muestra el odio anticristiano como algo inherente a esa ideología. La incautación de los bienes de la Iglesia Ortodoxa Rusa fue un objetivo de Lenin desde el primer momento, y su persecución religiosa (especialmente cruel en el verano de 1919 durante la guerra contra los rusos blancos), fue el "precedente, por su magnitud y organización sistemáticas, de la persecución religiosa en España durante la Segunda República y la Guerra Civil", que fue "la peor de la historia del cristianismo desde Diocleciano". Valora en particular el trabajo del sacerdote e historiador Ángel David Martín Rubio, cuyas investigaciones mostraron que "los católicos dejaban de pedir perdón a la izquierda por haberlos asesinado, como venía haciendo la Iglesia desde el Vaticano II y Tarancón".

No duda en hablar de "holocausto católico": "Yo no soy creyente, pero tampoco soy judío y pocas cosas me han conmovido tanto como el montón de zapatitos de niños asesinados en el gueto de Varsovia". Al describir ese holocausto católico, Losantos, que páginas antes ha señalado que "los masones Azaña y Martínez Barrio, Vidart y Companys" participaron "en la creación o aceptación del terror rojo" y que "el carácter anticatólico de la masonería es indiscutible y fue condenada como doctrina gnóstica en encíclica papal", destaca un hecho: ese terror rojo comenzó antes de la llegada de los soviéticos en apoyo del Frente Popular al estallar la guerra. Fue autóctono. Pero entonces, "¿qué unía a la izquierda burguesa y a la proletaria para perpetrarlo en común?". "A mi juicio", responde, "lo que une a organizaciones totalmente dispares en sus programas políticas es el odio asesino contra los católicos y el catolicismo, algo que usado hoy para exculpar al islam, debemos llamar cristianofobia".

¿Por qué esa "matanza de católicos, inspirada por la prensa y defendida por los líderes más izquierdistas del Frente Popular, acabó siendo aceptada u ocultada, esto es, compartida, también por los supuestos moderados"? "¿Por qué tantos españoles de izquierdas -no todos, claro- se empeñaron en matar a los españoles católicos, que no habían hecho ni pretendido hacer lo mismo con ellos?", continúa preguntándose Losantos: "Hasta 1934, porque, ocupando el lugar de Dios, querían disponer de la vida y hacienda ajenas. Desde 1936, porque querían y porque podían".

Una ideología que sigue viva y sigue aspirando al poder
En ese "podían" está la clave de todo el análisis histórico planteado en Memoria del comunismo, que lógicamente no se circunscribe a la cuestión religiosa. Además de una ideología letal, el comunismo, convertido por Lenin en una maquinaria política sin escrúpulos, es una inquebrantable voluntad de poder. Y lo malo es que no está muerto, señala Losantos al inicio del capítulo que consagra a Podemos como su realidad viva en España: "Si el mayor éxito del Diablo (o del Mal) es convencer a la gente de que no existe, la supervivencia del comunismo, pese a ser el peor monstruo político de todos los tiempos, con más de cien millones de víctimas, se basa en el acta de defunción y el consiguiente indulto moral que como cadáver exquisito, infinitamente investigable, le han extendido tantos historiadores".

Esa ideología "anega las redacciones de los medios, las cátedras universitarias y los libros sobre la Guerra Civil". Para quien prefiera la verdad, queda expuesta en estas páginas: argumentada su vocación criminal y expuestos los crímenes que la evidencian.

miércoles, 14 de febrero de 2018

La fascinación transgresora.

14 de febrero de 2018

Nuestro amigo Mario Vargas Llosa viene escribiendo a favor de la legalización generalizada de las drogas, afirmando que es el único modo efectivo de superar la criminal clandestinidad creada en torno a su producción y distribución. Se apoya en la prédica cuestionadora de la política de las Naciones Unidas llevada adelante por la Comisión Global de Política de Drogas, que -entre otros-han integrado también prestigiosos amigos como los presidentes Fernando Henrique Cardoso, de Brasil, y César Gaviria, de Colombia.

En lo personal veo tan simplista pensar que vamos a superar el flagelo a fuerza de persecución como lo contrario. El tema es demasiado complejo para que acepte soluciones sencillas. Como un aporte a ese debate, valga la experiencia uruguaya en curso. Ante todo, digamos que nunca hubo una visión condenatoria del consumidor, a tal punto que legalmente se despenalizaron el consumo y la tenencia de marihuana para uso personal en 1974. Desde entonces, en el mundo comenzó a abrirse camino una tendencia hacia una legalización y en Uruguay, en 2014, se lanzó lo que el presidente Mujica, autor de la iniciativa, llamó un "experimento". Se reguló la circulación de marihuana, habilitando el autocultivo, los clubes canábicos y la venta a mayores de 18 años en farmacias (40 gramos por un mes) de un producto ofrecido por el Estado, comprado a proveedores elegidos por licitación. Todos los consumidores, aun los que compran en farmacias, deben registrarse en un instituto oficial, el Instituto de Regulación y Control del Cannabis (Ircca), que maneja administrativamente todo este complejo andamiaje.

Desgraciadamente, todo se manejó improvisadamente. La idea se lanzó en 2011, la ley se aprobó a fines de 2014 y recién el año pasado comenzó a funcionar muy trabajosamente. Se vende en sólo 12 farmacias de las 1110 que hay en el país, dada la resistencia de esos comercios que se sienten pulcros emblemas de salud, incompatibles con el mundo de la droga.

El presidente de la república, Tabaré Vázquez, oncólogo y líder de una exitosa campaña contra el tabaco en su primera presidencia, no es partidario de la ley. La cumple, pero aclara que toda droga es nociva, que como médico nunca la usó y que el Uruguay no entrará de modo alguno en la marihuana turística. Un nuevo inconveniente apareció: los bancos, en función de las normas internacionales que impiden trabajar con quienes venden drogas, anuncian el cierre de las cuentas de las farmacias que integran el programa.

En los hechos, hay registrados oficialmente 7536 autocultivadores, 69 clubes (de entre 15 y 46 integrantes) y 15.627 habilitados para comprar en farmacias. Las autoridades del Ircca consideran que es todo un éxito la regulación, a tal punto que en las pocas farmacias habilitadas se forman colas de los consumidores registrados, quienes superan el estigma de la clandestinidad. Estiman también que el propósito fundamental de la regulación, que es reducir el negocio del narcotráfico, se está cumpliendo.

Los críticos de la ley, por su parte, señalan que el consumo de marihuana ha aumentado verticalmente (600%, según datos oficiales), que también ha ocurrido con la cocaína y que el mercado de consumidores ha aumentado por la banalización del consumo. Añaden que la clandestinidad se mantiene para los menores, que son el público en mayor riesgo; que la variedad de drogas actuales (la mayoría sintéticas) encuentran su puerta de entrada en la marihuana y que no hay conciencia de los daños en la salud. Mientras tanto, se aprecia un aumento de la criminalidad vinculada al comercio de drogas, con la aparición de bandas enfrentadas.

A esta altura lo sensato es esperar a que en cuatro o cinco años se puedan evaluar resultados que hoy no son concluyentes. Lo que sí advierto como peligrosísimo es el jolgorio de opinión pública que se ha creado en torno al tema. La novelería, la moda, la fascinación transgresora, hacen cool la marihuana y la juventud no tiene la menor idea de lo que, por unanimidad, concluyen los estudios médicos serios en el mundo entero: que hay efectos incuestionables sobre la atención, la memoria, las depresiones, la esquizofrenia, la capacidad cognitiva y aun el cáncer en quienes son fumadores. La "maruja" ha pasado a ser algo así como una mezcla de Dom Perignon con penicilina. Son comprobadas, por cierto, sus posibilidades médicas, tal cual ocurre con el opio, la corteza de sauce y tantos otros vegetales, pero que son procesados en laboratorios, estudiados sus resultados y autorizados por las autoridades sanitarias.

Mientras tanto, crecientemente, los liceos registran alumnos que abandonan las aulas y las clínicas psiquiátricas se llenan de muchachos que tempranamente han adquirido el hábito.

Expresidente del Uruguay
Por: Julio María Sanguinetti
http://www.lanacion.com.ar/2108929-la-fascinacion-transgresora

lunes, 12 de febrero de 2018

Una época oscurantista


Juan Manuel de Prada

11 febrero 2018

Leo que en un pueblecito de la sierra de Cazorla, fuente del Guadalquivir, se está investigando la posible agresión sexual de una pandilla de niños apenas púberes a otro plenamente impúber. Ignoro si la investigación confirmará hechos tan tenebrosos y desconsoladores; que, como a nadie se le escapa, son cada vez menos infrecuentes.

El juez Emilio Calatayud acaba de recordarnos que hoy existen muchos niños que ven pornografía, a través de sus teléfonos móviles. Y aquí siempre sale alguien pidiendo a los padres que utilicen los «filtros parentales» para que sus hijos no puedan acceder a esta bazofia; petición del todo grotesca, pues nuestros hijos saben burlar todos esos filtros sin despeinarse (y sin que sus padres nos enteremos). Nada más propio de las sociedades cínicas que encomendar a los filtros tecnológicos la labor que corresponde a los filtros morales, a la vez que declaran abolidos estos. Conductas tan tenebrosas como la que se investiga en ese pueblecito de la sierra de Cazorla serían por completo inverosímiles si no se hubiese instaurado un ambiente que incita a «vivir en plenitud» una «libertad sexual» que, por supuesto, incluye todas las variantes combinatorias y la exploración de todos los orificios. Conductas así serían inexplicables si la infancia no hubiese sido corrompida por un hormiguero de escabrosidades que aniquilan su inocencia. Conductas así serían incomprensibles si, en efecto, nuestros hijos no estuviesen rodeados por una infestación pornográfica como no ha conocido ninguna otra época. Y disponible, además, a golpe de click o caricia de pantalla táctil.

Pero, en una típica inversión de las categorías morales, nuestra época considera –como dijo un prócer europeísta– que «el libre acceso a la pornografía se cuenta entre los grandes logros y beneficios de nuestra pertenencia a la Unión Europea». Cuando lo cierto es que el consumo de pornografía está destruyendo nuestras sociedades, minando la afectividad de nuestros contemporáneos, incapacitándonos para la entrega amorosa y la sexualidad sana, convirtiéndonos en patéticos despojos. Pero sobre esta realidad oprobiosa nuestra época calla, incapaz de enfrentarse al espejo que le muestra su pudrición y le explica la causa última de los males que luego presume de combatir (como la violencia contra las mujeres, por ejemplo). La sexualidad, cuanto más se alimenta con pornografía, más se pervierte y desembrida; y una sexualidad pervertida y desembridada altera nuestra conducta, aniquila nuestros afectos, adultera nuestras pasiones, infecta nuestros sueños con las fantasías más pútridas y purulentas. Pero de esta infestación pornográfica que hemos liberado, que destruye matrimonios y disuelve familias, que condena a la soledad y a la angustia a muchos millones de personas (no sólo quienes padecen la adicción, sino también quienes les rodean), que pervierte la inocencia de nuestros hijos, nadie habla; y, si a alguien se le ocurre hablar, lo crucifican. Es un tema tabú, tal vez porque no soportarnos mirarnos en el espejo.

Y, por supuesto, toda educación que trate de preservar la inocencia de nuestros hijos, que les enseñe a mirar su propio cuerpo y el del prójimo como un templo del espíritu, que trate de dignificar su sexualidad balbuciente mediante el cultivo de las virtudes, será inmediatamente tachada de retrógrada y escarnecida como reliquia de épocas oscurantistas. Pero la época auténticamente oscurantista, la época invadida por las tinieblas, es la nuestra: una época en la que los niños, en lugar de jugar a indios y vaqueros, o a superhéroes galácticos, juegan a explorarse los orificios. Una época que merece que le aten una piedra de molino al cuello y la arrojen al mar.


viernes, 9 de febrero de 2018

Trabajo esclavo en China


Trabajo esclavo en China

Por Harry Wu


Con motivo de la celebración en Miami del 54 aniversario de la Declaración de Derechos Humanos este 10 de diciembre del 2002, tuvo lugar un acto en el Labor Cente, de la Universidad Internacional de la Florida, en el que participó Harry Wu, el famoso combatiente por la libertad y los derechos humanos en China. Harry Wu ha entrado en China, en más de una ocasión para obtener información sobre el sistema de campos de trabajo forzado y ha sido detenido varios veces poniendo en peligro su propia vida para poder hacer estas denuncias. Harry Wu ha venido a Miami invitado por el Comité Cubano Pro Derechos Humanos, miembro de la Sociedad Internacional de Derechos Humanos con sede en Alemania.

En 1848, el Manifiesto Comunista de Marx y Engels comenzaba con las siguientes palabras: "Un fantasma recorre Europa, el fantasma del Comunismo". En 1917, el fantasma tomó el poder en Rusia, en 1949, conquistó China. A mediados del siglo XX, el comunismo ocupaba el poder en un país tras otro. Aun en algunas democracias occidentales, los partidos comunistas decían ser lo suficientemente fuertes como para llegar al poder. Decían que "El Viejo Mundo ser reemplazado por el Nuevo Mundo".


¿Qué futuro espera a la China comunista?

China es un problema de magnitud global en los últimos años del siglo XX, cuando Den Xiaoping, famoso como el principal arquitecto de las "reformas", está a punto de desaparecer. ¨ ¿Qué futuro le espera a mayor estado comunista del mundo? La actual situación en la China continental puede sintetizarse con las palabras de Lenin: "Los que están n arriba no pueden dirigir como antes, y los que están abajo no aceptan ser dirigidos como antes".

Pese a los cambios de la última década, dos cosas siguen siendo verdad. China está dirigida por el Partido Comunista, y China no es un estado de derecho. La superestructura política y económica básica de China sigue basada en la propiedad estatal. Los campesinos no tienen tierra propia. Las finanzas están drásticamente controladas por el gobierno. La gran mayoría de las empresas industriales básicas son de propiedad estatal.

El capitalismo requiere respeto por los derechos individuales pero esto no existe en la China actual. La propiedad privada, tal como la conocemos en Occidente, no existe en ninguna medida significativa, y el Partido Comunista no ha enfrentado este problema.

Hasta que en China no se permita la propiedad privada en gran escala, no habrá un desarrollo económico real y perramente. La reforma económica de Deng no ha incidido sobre el problema fundamental que hoy tiene China. El problema básico del sistema económico, la propiedad, sigue sin resolver.

La explosión económica fue posible porque el capitalismo crea ganancias tanto para Occidente como para China. Pero, pese a las enormes ganancias conseguidas por el comercio exterior chino, la gente sencilla sólo disfruta una porción minúscula. El gobierno comunista invierte la mayor parte de las ganancias en desarrollar su sistema armamentista, en actividades políticas internas y externas y en mantener la estabilidad política de la nación.

El argumento de que el capitalismo traer la democracia a China presenta numerosos problemas, uno de los cuales es la total carencia de precedentes históricos.

Hoy, un fantasma ronda por la China continental, el fantasma del capitalismo. El comunismo ha muerto. Los chinos, en general, no creen en él. Pero ni siquiera cree la mayoría de los miembros del Partido Comunista.

La explosión económica "capitalista" ha hecho aparecer bien al régimen comunista en el exterior pero sus pilares están severamente dañados. En China se avizoran varias crisis de enorme magnitud.


Los campos laogai: maquinaria para moler seres humanos

En el centro del actual problema de derechos humanos en China está la maquinaria china para aplastar los seres humanos física, psicológica y espiritualmente: el sistema de campos laogai. Hemos identificado 1,100 de ellos. Es también una parte integral de la economía nacional.

Algunos hechos básicos lo ilustran claramente. Una tercera parte del té chino es producido en campos laogai. El 60 por ciento de los productos químicos de vulcanización es producido en un solo campo laogai ubicado en Shangai. Las principales fábricas de montacargas del país en recibir autoridad para exportar son campos laogai en la provincia de Zenjian. Uno de los mayores y más tempranos exportadores de herramientas de mano es un camionero de Shangai. Y una parte desconocida pero significativa de la cosecha china de algodón es cultivada por presos. Podría seguir indefinidamente. El alcance del negocio de los laogai revelado recientemente cuando se hizo publico que la empresa conjunta Beijing Jeep Company; a Chrysler utilizaba componentes automovilísticos de los campos laogai de Pekín.

La política fundamental del sistema de laogai es que el trabajo forzado es un medio; la reforma del pensamiento es el objetivo básico". La teoría económica del Partido Comunista sostiene que los seres humanos constituyen la fuerza productiva fundamental. Con la excepción de los que tienen que ser exterminados físicamente por razones políticas, los seres humanos tienen que ser utilizados como "fuerzas productivas" con la sumisión como condición.

La sumisión puede conseguirse a través de la violencia pero se prefiere la sumisión psicológica y espiritual. El laogai no es simplemente un sistema penitenciario, es un instrumento político para mantener el poder totalitario del Partido Comunista.

Tenemos que comprender que el gobierno comunista chino miente todo el tiempo. No sólo miente a su propio pueblo sino que miente a otros gobiernos. Hay mentiras grandes y mentiras pequeñas. Pero son mentiras.

Mintieron cuando dijeron que no había presos políticos en China. Mintieron cuando dijeron que había libertad de religión en China. Mintieron cuando dijeron que no exportaban misiles y armas nucleares a Pakistán. Me mintieron a mí y mintieron sobre mí.

Tenemos que comprender que el fin del sistema comunista no significar la emergencia de una sociedad democrática. En China, hay que recorrer "un largo, largo camino hacia un futuro imprevisible".

lunes, 20 de noviembre de 2017

Apacentando la manada.



Juan Manuel de Prada

20 noviembre 2017


La morralla informativa que rodea el juicio contra los bicharracos de “La manada” vuelve a demostrarnos que nuestra época pone tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias; y, no contenta con esta perversión filosófica y moral, saca pecho, la muy hipocritona. Naturalmente, todo el debatito en torno al disputado “consentimiento” de la joven que sufrió al asalto de los bicharracos es (salvo para el tribunal que juzga el caso) por completo inane; pues una joven que hubiese consentido en someterse a tales aberraciones se trataría en realidad de una joven espiritualmente envilecida, anímicamente desahuciada y con el consentimiento por completo viciado.

Aquí nos interesa resaltar otra cuestión. Lo que han hecho esos bicharracos es exactamente lo mismo que hacían, según supimos hace poco, unos futbolistas multimillonarios que contrataban los servicios de un pornógrafo para que les organizase bukakes. Sólo que aquellos futbolistas multimillonarios pagaban al pornógrafo, que a su vez pasaría una propinilla insignificante a la pobre muchacha que se prestaba a la vileza, mientras que los bicharracos de “La manada” no podían permitirse estos dispendios. Pero una mujer, cualquier mujer, que se presta a sufrir tal atropello, con o sin consentimiento, a cambio de dinero o gratis total, está destruida espiritual y anímicamente; y los miserables que se sirven de su debilidad seguirían siendo alimañas, aunque no hubiesen tenido que forzarla para satisfacer sus apetitos.

¿Y por qué proliferan estas alimañas, lo mismo entre los multimillonarios que entre el lumpen? Porque se ha impuesto una ideología monstruosa que afirma que la sexualidad humana es benéfica y, por lo tanto, debe someterse a constantes estímulos. Pero, como nos enseñaba Chesterton, la sexualidad humana es como el agua: benéfica cuando se encauza; destructiva cuando los cauces se desbordan y se rompen los diques. Una sexualidad sometida a constantes estímulos morbosos destruye nuestra humanidad y nos hace esclavos de nuestros instintos, a la vez que convierte a los demás en meros instrumentos para su satisfacción. A ningún hombre sanamente constituido se le ocurre disponer en manada de una mujer y filmar su felonía. Sólo personas desalmadas y con la afectividad destruida conciben tales aberraciones. Aunque, en realidad, no las conciben; se limitan a reproducirlas como simios, después de haberlas contemplado en una pantalla. Porque detrás de estas acciones purulentas se halla siempre el consumo bulímico de pornografía; y también el uso de instrumentos tecnológicos infrahumanos, como las apps de citas que promueven las coyundas más sórdidas y animalescas.

Tales estímulos, a la vez que arrasan la vida moral y afectiva, convierten a hombres y mujeres en pingajos incapaces de mantener relaciones amorosas sanas. Pero también son eficacísimos (y baratísimos) métodos de control social que convienen a los trituradores de almas: son el soma infalible que garantiza la alienación de las masas, son un magnífico aliviadero de frustraciones y un ofuscador de conciencias que animaliza a sus adictos y los incapacita para luchar por una vida digna y enaltecedora. Pero, entre los hipócritas que se rasgan las vestiduras, nadie se atreve a señalar la causa del mal. Y es que todos ellos son lacayos de ideologías que han colaborado en la proliferación de estos monstruos, exaltando el naturalismo instintivo y declarando abolidos los frenos morales, consagrando una sexualidad putrescente desligada de la expresión de los afectos y aplaudiendo la infestación pornográfica que padecemos. Ellos (y ellas) son los auténticos apacentadores de la manada.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Cristiano Ronaldo, ¿dónde está la madre de los bebés que compraste?

Cristiano Ronaldo, ¿dónde está la madre de los bebés que compraste? Una crítica marxista y humanista



La prensa del corazón muestra a famosos, a menudo homosexuales ricos, que posan sonrientes con bebés o niños que han comprado mediante la industria del vientre de alquiler. El futbolista Cristiano Ronaldo, el cantante Miguel Bosé y sus dos parejas de gemelos, el actor Javier Cámara con su parejita de gemelos recién adquirida, el presentador Jaime Cantizano, el cantaor Miguel Poveda, los empresarios Kike Sarasola y Carlos Marrero, Elton John, Ricky Martin... son casos de niños comprados con dinero para crecer con padres famosos y sin madre.

Otras veces sí hay madre de adquisición: Robert DeNiro ya tenía cinco hijos cuando con casi 70 años decidió adquirir otra bebé por vientre de alquiler junto con su esposa Grace Hightower. Todos dicen ser muy felices ante la prensa del corazón.

La periodista y activista sueca Kajsa "Ekis" Ekman, colaboradora en The Guardian, es muy crítica con la prostitución y los vientres de alquiler, que considera variantes de una misma explotación de personas vulnerables. Ella se autodeclara marxista aunque cree que contra los vientres de alquiler basta con tener conciencia humanista. Su libro El ser y la mercancía (Ediciones Bellaterra, 2017) analiza los intereses económicos (y anti-persona) que hay en estas industrias.

Recientemente ha señalado el caso de Cristiano Ronaldo en un artículo para ilustrar esta dañina industria. "La lucha contra los vientres de alquiler será la proxima gran batalla feminista: si no la ganamos, nos espera el verdadero Cuento de la Criada", afirma refiriéndose a la popular novela y teleserie sobre un futuro distópico en que hay una casta de mujeres sometidas dedicadas solo a engendrar bebés para la clase dominante. Publicamos a continuación este artículo.


Kajsa Ekis Ekman ha estudiado la industria del vientre de alquiler y la de la prostitución, y denuncia su lógica compartida que explota y anula a la persona

Cristiano Ronaldo, la mujer no es una fábrica
Kajsa Ekis Ekman


Cuando Cristiano Ronaldo confirmó a través de su cuenta Instagram que había sido padre de dos mellizos, recibió más de 8 millones “me gusta”, 290 300 artículos fueron publicados sobre el tema mundialmente, 71 000 de ellos conteniendo la frase “muy feliz”.

Sólo había una cosa que no apareció en ninguna parte: el nombre de la madre. ¿Quién es? ¿Cómo fue su embarazo y cómo se siente tras el parto? ¿Cuántas veces al día piensa en sus hijos que nunca más verá? Ronaldo ni la menciona, y la única cosa que se sabe de ella es que es norteamericana y que recibió 200.000 euros por los bebés.

En el debate sobre la subrogación esto es típico. En los medios de comunicación se habla de subrogación como una manera de tener hijos y no una manera de perderlos, a pesar de ser eso lo que separa la subrogación de toda otra forma de reproducirse.

La perspectiva mediática es generalmente la de los compradores; sus sentimientos, sus deseos (frecuentemente llamados “necesidades”) abundan. Las madres siguen siendo anónimas, como si fueran trabajadoras en una fábrica de bebés. Tan anónimas a veces que ni los hijos llegan a saber quiénes son. Como el hijo anterior del mismo Ronaldo.

Su hermana confiesa en una entrevista que le han ocultado sus orígenes: “nosotros decimos que su madre está de viaje. Él no pide más. Una vez le dijimos que estaba en el cielo”.

Nadie parece alzar la voz para decir lo obvio: esto es un flagrante delito contra los derechos de las mujeres y los niños.

Según el artículo 7 de la Convención sobre los Derechos del Niño, cada niño tiene derecho a sus padres. La maternidad subrogada, sea pagada o altruista, viola este derecho fundamental. En la subrogación los hijos pierden a su madre y las madres pierden a sus hijos. No es añadir, es quitar, y, como esto es una industria (no hay que dejarse engañar por los románticos poemas de mujeres generosas que lo hacen gratis – la subrogación altruista no llega ni al 2% de los casos) las razones son económicas.

Hablemos claramente: la subrogación es una venta de bebés. Los ricos compran, las pobres venden.

No hay nada progresista ni posmoderno de esta práctica: es la misma vieja explotación de la mujer y de los pobres.

Llevo desde 2006 estudiando lo que prefiero llamar vientres de alquiler, he visto crecer esta industria y los escándalos que cada día son más frecuentes.

Como el billonario japonés que llegó a tener 16 niños de diferentes clínicas tailandesas: quiso llegar a 100. ¿Qué iba a hacer un soltero con 100 bebés? Quién sabe.

O como la pareja española que se enfadó tanto cuando sus gemelos no fueron de ambos sexos que no quisieron pagar las facturas del hospital. La madre subrogada en cuestión, Kelly Martínez, cuenta: “habían pagado un extra para tener niño y niña y estaban realmente disgustados”. La estresaron tanto que desarrolló preeclampsia, que puede ser mortal.

No puedo dejar de pensar que esta pareja actuaba más como clientes decepcionados, que como padres. O cuando las mafias asiáticas descubrieron esta lucrativa industria en 2010, y comenzaron a usar la misma estrategia que en la prostitución: raptar a chicas jóvenes, encerrarlas y usar sus cuerpos. ¿Cuántas parejas europeas han tenido hijos de esas clínicas en Camboya o Tailandia que en realidad eran cárceles?

Estos escándalos no son una excepción que desaparecerá con la regulación. Son más bien síntomas de una industria que convierte la mujer en fábrica, los niños en mercancía y el embarazo en servicio.

Son síntomas de un capitalismo sin fronteras – ni geográficas, ni éticas. Se vende hasta la vida misma, y la campaña publicitaria nos dice que se trata de amor y de libertad. Así, se externaliza no solo la producción a países asiáticos, sino también la reproducción.

Ahora toda persona de clase media europea puede tener un bebé sin pasar por la molestia de portarlo o de parir: sólo basta transferir tu material genético y una mexicana o ucraniana se queda embarazada en tu lugar. Ella se arriesga, ella engorda, ella vomita, ella siente contracciones, ella pare y ella se queda con las marcas del embarazo. Hace todo lo que hace una madre – pero sin ni siquiera obtener el título.

Se puede estar en contra de los vientres de alquiler desde muchas perspectivas. Para mi, ser feminista significa que no puedo cerrar los ojos ante los profundos rasgos patriarcales de esta industria, donde la maternidad es algo desechable mientras la paternidad se vuelve sagrada. Los vientres de alquiler ponen en práctica las frases de Apolo en La Orestíada: “no es la madre quien engendra al que llama hijo suyo; no es ella sino la nodriza del germen reciente…”.

La maternidad subrogada explota la madre y luego la niega. Quien habla de subrogación como expresión de autonomía no ha visto los contratos, donde se anula justamente esa autonomía.

¿Quién decide sobre hormonas, tratamientos, abortos, amniocentesis y el derecho de tener sexo o no? Desde que se firma el contrato, los compradores. No la mujer.

Ser marxista, además, me lleva a la conclusión que los vientres de alquiler constituyen el colmo de lo que Georg Lukács llamaba la reificación – la cosificación del ser humano.



Aquí, trabajar no se siente como si uno se vendiera – la madre subrogada literalmente se vende. Ella no es el apéndice de la máquina, ella es la máquina. Ella no vende el fruto de su trabajo, vende su propia carne. La maternidad subrogada provoca un cortocircuito inmediato en la teoría sobre la enajenación. Es como si todo otro ejemplo de enajenación [o alienación] fuera una metáfora y éste fuera el verdadero origen de la palabra.

Pero tal vez basta con ser humanista, basta con adherir a los conceptos fundamentales de derechos humanos. Que un ser humano no debe ser comprado ni vendido. Los bebés tampoco, o quizás especialmente no los bebés. Basta aplicar a la práctica de subrogación las leyes que ya tenemos – cosa que curiosamente no se ha hecho hasta ahora.

La mayoria de países prohiben la venta de personas, sin embargo los filósofos han hecho un buen trabajo convenciendonos que los vientres de alquilér es otra cosa. Pero sí, los últimos años más y más países han optado por prohibir la práctica. India, Tailandia, Camboya y México han legislado contra la industria, y el último país en preparar una prohibición es el mío, Suecia, donde una encuesta oficial establece que la maternidad subrogada constituye un riesgo demasiado alto para mujeres y niños para valer la pena.

Recordamos también que el Parlamento Europeo “condena la práctica de la subrogación, que socava la dignidad humana de la mujer dado que su cuerpo y sus funciones reproductivas son usadas como una mercancía.”

Espero que España siga el mismo camino.

La lucha contra los vientres de alquiler será la próxima gran batalla feminista: si no la ganamos, nos espera el verdadero Cuento de la Criada.